Clase XXVII: El día de la sesión en el Chicken School

Empezamos pronto. Nos montamos en la pick up del STTC y a las 9:00 llegamos al Chicken School. Nos encontramos a todos los niños en formación preparados para ser pintados con una energía bárbara. Contamos con la ayuda de seis personas extra para pintar y poder comunicarnos: Cristina, Francis, Sara, Marc, Piu Piu y Nupha fueron de grandísima ayuda.

Les habíamos advertido a nuestros estudiantes que trabajar con niños es muy difícil, se suele tener menos de media hora para trabajar con ellos porque se cansan rápido. Comprobamos que eso sucede en España, pero no cuando trabajas con niños birmanos, tienen una paciencia infinita.

Distribuimos a dos equipos de trabajo en dos habitaciones, en una se trabajaba con flashes y en otra con luz continua. El tercer grupo se encargaría de hacer el making off, ayudar con el maquillaje y retratar a cada uno de los chicos pintados con un fondo de pizarra con letras birmanas.

Los mejores fotógrafos del curso tienen están picados por ver quién consigue saca la mejor foto. El grupo de las chicas y el de los chicos se esfuerzan por conseguir fotos cada cual más espectaculares y con una técnica depurada. Eso nos favorece para subir el nivel de todo el grupo porque cada uno de ellos arrastra al resto.

Hasta la hora de comer habíamos realizado nueve fotos de las 12 estipuladas. Nuestros estudiantes estaban cansados pero muy felices. Cuando se puso la comida en la mesa se produjo un silencio sepulcral. Eran ya la una y media, una hora tardía para lo que ellos están acostumbrados.

Los niños de la Chicken Scool les tocaba siesta, así que al finalizar la comida preparamos las fotos que nos quedaban y esperamos a que se levantaran de la siesta.

Estabamos todos muy cansados, pero no hubo ni una queja. La ilusión por conseguir acabar el calendario nos sacaba fuerzas de donde fuera. En una hora y media habíamos terminado y los niños ya se preparaban para volver a sus casas.

Recogimos todo, nos despedimos de los chicos y vino la pick up para llevarnos de vuelta al STTC. La sonrisa no les (y nos) cabía en la cara, fue, UN GRAN DÍA.

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