IE University y sus laboratorios, un gran encuentro.

En octubre del año pasado, con mucha ilusión fuimos a la Universidad IE a conocer a los alumnos del Lab de Comunicación. De la mano de Isabel Sánchez, conocimos que esta universidad trabaja de una forma muy parecida a la que TanakaLab imparte las clases en sus formaciones. Les explicamos nuestros primeros pasos, cómo y […]

Terminamos nuestro proyecto piloto en Tailandia

 Este primer reto con desplazados birmanos, nos centramos en la fotografía. Estudiamos las diferentes aplicaciones que podía tener y tratamos de adaptarlo a sus necesidades y cultura. Utilizamos juegos y métodos no convencionales de clase, mientras observamos la respuesta del alumnado sin ninguna cultura visual previa. Leer más

Reflexiones desde Barcelona

Vengo de una familia en la que predominan los profesores. Nunca comprendía la charla que me pegaban acerca de lo satisfactorio que es la enseñanza, transmitir tus conocimientos y ver el proceso de aprendizaje reciproco que se crea entre maestro y profesor. A mi, supongo que por desconocimiento, nunca me atrajo.

Cuando María me propuso el proyecto, me asusté. ¿Clases de fotografía? ¿En inglés? ¿a Birmanos? ¿en Tailandia? ¿Con adolescentes con una cultura visual nula? ¿Estas segura? ¿Por qué no nos vamos a la playa como la gente corriente?

Después comprendí mi alto grado de error. Jamás aprendí tanto en mi vida como en esos seis meses junto a los alumnos y María.

El primer día de clase, los tenía de corbata. Muchos alumnos, demasiados, desmedido y, muy serios. Maria me tuvo que sujetar para no salir corriendo cuando todos se inclinaron para hacernos el saludo oficial que los birmanos ejecutan al unísono para recibir a los profesores al inicio de la clase.

Ahora, dos meses después de volver, comprendo la importancia de todo el proyecto que hemos vivido. Y entiendo lo que les supuso a ellos todo lo que compartimos juntos. La importancia de lo que ha sucedido ha sido el conocernos. La fotografía creo que se acabó convirtiendo en una herramienta para que esos chicos tan inexpresivos aparentemente, nos transmitieran sus vidas a través de cientos de fotos diarias.

¿Qué les enseñamos aparte de diafragma y velocidad? Pues a que ellos tienen potencial para hacer lo que se propongan. También a ser creativo en todos los aspectos de su vida. Y lo más importante, les tendimos un puente para que sean capaces de recurrir a la imaginación, una isla mental que jamás les puede ser arrebatada.

Ahora a procesar, dar a conocer el proyecto mostrando el trabajo de los alumnos y con muchas fuerzas para afrontar un segundo reto potenciando lo que funcionó y corrigiendo los muchos errores que seguro que habremos cometido y que ahora estamos valorando.

Y me quedo con una frase que nos dijeron al llegar, AYUDAR NO ES FÁCIL, y así fue, pero mereció la pena.

 

Reflexiones desde Segovia

Cuando uno se plantea cooperar, así en general, suele venir dado por una necesidad personal. O por lo menos, ese fue mi caso. Estaba desencantada y descreída de todo un poco. Por un lado el ritmo del mundo del diseño, mi profesión, era directamente proporcional a su infravaloración y dejé de creer en ella cómo algo útil y divertido al mismo tiempo. Los años de formación, ponencias, cursos y noches en vela dedicadas a algo en lo que creía, volaron. Y de ahí surgió la necesidad de intentar hacer algo útil.

Una vez tomada la decisión de dejarlo todo por… por algo que no sabía muy bien lo que era, me topé con Abel. Él había rondado el sudeste asiático haciendo voluntariado y necesitaba una referencia para buscar un sitio donde poder cocinar lo que estaba amasando.

Azar, coincidencias, energías, cervezas… Por un poco de todo eso, con él nació Tanaka Project. Me habló de Colabora Birmania, de los birmanos y vimos la posibilidad de hacer algo juntos allí. Y compré.

En un mes organizamos el proyecto, hicimos el dossier, la campaña y recopilamos las primeras cámaras. Y la intensidad fue “in creccento”.

Me monté en el avión como si cogiera la Sepulvedana Madrid-Segovia. En el fondo, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo. Había sido todo muy premeditado pero muy rápido al mismo tiempo. Y aterrizamos en Bangkok. Coches, humo, comida por todas partes… descoloque total. Así que la llegada a Mae Sot fue un poco la llegada a la tranquilidad. La semanita de toma de contacto estuvo muy bien.

El primer día de clase lo recuerdo con nervios. De hecho casi todas las clases las recuerdo con nervios. Me pasaba hasta que ponía un pie en el “cole” y me decían el primer “Mingalaba teacher”. Entonces el miedo se iba. No fue fácil conocerles. Los birmanos son muy cerrados y la distancia del estatus te separa de entrada. Creo que fue a partir del recetario cuando todo empezó a rodar. Habíamos pasado las inundaciones, los dengues y después de unos días perdidillos resurgimos como un gran equipo. Construimos un mundo paralelo, un lenguaje propio en el que el diafragma se llamaba “agujero” y el hacerse la foto con el signo victoria cerca de la cara significaba que tenías dos novios.

Todo nuestro afán era que durante el tiempo que estuviesen en clase se sintiesen un poquito más libres. Que podían, que Debían, dar su opinión y formar un criterio. Hacerles ver que mirar diferente hace que encuentres cosas diferentes y que la creatividad significa posibilidades.

Y eso ha sido lo mejor, conocerles. Su cultura y a cada uno de ellos. Saber interpretar sus caras, saber lo que le gusta y lo que no, las sonrisas de complicidad, tener una broma en común… Sentir que el día que te vas una parte de ti se ha intercambiado con ellos y que verdaderamente nunca nos olvidaremos. He aprendido taaanto, que tardaré aún muchos meses en darme cuenta.

¡Y había que estar a la altura de la vida social de Mae Sot!. Sin duda las ciudades no nacen, se hacen y la calidad de la gente que hay allí, ha hecho que Mae Sot, una pequeña población fronteriza sin aparente encanto, sea un punto de encuentro de mucha gente interesante.

Dar miles de Gracias a todos los personajes, Sara, Marc, Marc II, García, Javito, Meri, Carmen, La, Chiara, Vincenzo, Anaïk, Kevina, Mai Thai, Jan, Karen, Rebeca, Yas, Clara, Luchia, Narcis, Albert, Zaida, Cristina, Fon, Simon, Gabriel, Rubén, Lucía… Al Lucky’s por sus garbanzos, su naan y sus sonrisas. A Casa Mía por hacernos felices con la comida y el trato. Al café olé, Mestizo por muchas risas con Leos… Gracias por amenizar los malos momentos y hacer más grandes los buenos.

Cuando nos íbamos, tenía una especie de mezcla entre tristeza y alivio. Han sido unos meses muy duros. Adaptación, idioma, convivencias, frustraciones… Ayudar no es fácil y es algo que tendré siempre en cuenta.  Tenía entrada doble para un auténtico parque temático de emociones con su montaña rusa, su noria y su casa del terror.

Y pasados dos meses, ya en casa, al recordar todo y haciendo retrospectiva, me pregunto ¿Creo más ahora en mi profesión? Pues no. Pero sin duda, tengo más claro que en nuestra mano está cambiar algo si no nos gusta.

See you tomorrow…

Era último día que pasábamos en Mae Sot y, como siempre, íbamos corriendo. Les prometimos a los chicos que les haríamos entrega de un diploma en conjunto con las cámaras y su certificado de donación, la orla y los trabajos que han realizado en el curso. Se quedaron super-contentos con sus paquetes, los frutos de estos casi 6 meses de curso estaban ahí dentro.

Ya sería casi la tercera vez que nos despedíamos, pero aún calló alguna lagrimilla. Aung Thu Hein lloroso diciendo “nunca os olvidaré teachers…” demoledor.

Y es que no se puede evitar pensar aquello de “¿Nos volveremos a ver?” fácilmente no, pero sin duda, ni ellos ni nosotros olvidaremos nunca esos 6 meses en los que 2 locos acabaron convirtiendo un experimento fotográfico en una increíble realidad. Y cómo no podía ser de otra manera, nos despedimos con un esperanzador “see you tomorrow, guys!!!!” (Never knows!)

P.D. Y cuando estábamos llegando a la estación, de la mano de Javier García (Colabora Birmania) intentando cerrar la maleta por el camino, que aquello parecía un “kebab esparramao”, nos giramos y allí aparecen. Todos los chicos con su sonrisa puesta dispuestos a un último adios… que se vio truncado por el “recolocamiento” del kebab, la pérdida del autobús… nos invadía la risa nerviosa y la emoción de verles dispuestos y con la cámara en la mano hasta el último momento. ¿Moraleja? hemos aprendido mucho pero seguimos siendo tan desastres cómo el primer día. ¡Hay cosas que no tienen por qué cambiar!

La fiesta de despedida en el cole: Gas lacrimógeno…

Y llegó el domingo con la resaca de la “expo” a cuestas todavía. Teníamos la fiesta de despedida que el colegio organiza a cada voluntario que marcha. Llegamos y nos sentaron en la mesa presidencial. Por una cuestión cultural (y jerárquica) los profesores han de sentarse siempre en una mesa aparte de los alumnos. Así que allí nos vimos, como en una especie de tribunal con todos los alumnos alrededor del aula. Habían dibujado y escrito en una sábana dedicatorias, despedidas… comenzamos a notar los síntomas del gas lacrimógeno.

Cómo en cada fiesta, los alumnos más avanzados de los matriculados para la universidad, lideran el evento y nos leen la agenda de la noche. Comenzaremos con una canción birmana dedicada a la amistad, seguiremos con un discurso, seguido del nuestro, la entrega de regalos, una canción a coro por parte de nuestros alumnos y se terminó el evento. Suelen acabar con una cena para todos, pero por falta de tiempo no lo hicieron. (nos dijeron)

Primera canción… prueba superada. discurso de Joseph… prueba superada. Entrega de regalos con lectura de una carta de Khaine San… Llorera total. Tenemos un cariño especial a la hermanas San Oo. Siempre hemos admirado su fortaleza, su capacidad de trabajo, su decisión y su personalidad. Cualidades muy difíciles de ver en un birmano y más aún en una birmana. Moe, se quedó en el campo la última vez que visitaron a la familia y fue un palo para todos. Pero Khaine volvió hacía tan sólo una semana. Y nos escribió una carta de parte de las dos. Nos agradecen, nos explican lo que han aprendido, nos hablan de su futuro… y nos dicen que nunca nos podrán olvidar, como nosotros a ellas. Fue realmente emotivo. Ella casi no podía hablar, estaba emocionada y algo triste. Igual que nosotros. Le aplaudimos hasta que dolió y seguimos con la entrega de regalos.

Al terminar… nos montaron en el coche para darnos una sorpresa… y nos llevaron !a un mega-restaurante! Por un lado fuimos críticos pensando en que no deberían gastarse el dinero y por otro pensamos !Qué coño! Los chicos han “currado” mucho y se merecen una cena en condiciones. Era de aquellos de “Coma hasta que reviente” Y así fue. Hacía tiempo que no veía a tanta gente comer tanto. Mezclamos el helado con el pescado, los noodles con “chuches”… Una auténtica guarrería divertidísima.

Fue una sobremesa genial. No pudimos evitar saltarnos el protocolo y sentarnos con los chicos. Fue realmente divertido. Comimos, hablamos, reímos, nos hicimos fotos… Verles con esa cara de satisfacción, ese orgullo y esa felicidad… no tiene precio. Volvería a repetir ese día una otra vez… ¡¡Madre mía lo que vamos a echaros de menos!!

La exposición de fin de curso: Éxito total

Llevábamos toda la semana con un estrés al más puro estilo occidental. Recién llegados de vacaciones, reanudamos las clases con photoshop y había que preparar  la exposición de fin de curso al mismo tiempo. Teníamos 10 días y, como no sabemos hacer las cosas a medias, queríamos montarlo a lo grande. Aparte de exponer algunas de las mejores fotografías de los chicos, explicar al menos 5 de los proyectos que habíamos realizado juntos. Desde la idea hasta el producto final. Los making off son geniales y ver a los chicos rememorar esos días, al mismo tiempo que la gente podía entender el proceso, nos parecía muy interesante.

Lo malo… es que suponía trabajo y eso tan preciado que escasea, tiempo. Pero como de poco nos asustamos ya, tiramos “pa’ lante”. Carteles, ultimar los proyectos, hacer los textos, pedir S.O.S con las traducciones… Y como siempre pasa en estos casos, si se lucha, se llega. Y así fue. El viernes por la mañana, con todo el material impreso nos juntamos todos para montar la expo. Bien organizados y martillo en mano, entre unos y otros conseguimos terminar.

Nos fuimos a poner ‘de gala’ (véase ropa limpia) y a las 6 como un clavo nos reunimos en el ‘Madam Yuri’. Ellos, de punta en blanco, con sus carnets colgando del cuello. Estabamos entre contentos y asustados, y muy nerviosos.

Montamos una mesita con las cositas que se vendían: el calendario, el recetario, la revista, las fotos… y allí se quedaron algunos cómo unos auténticos profesionales de la venta de mercadillo repartiendo ejemplares a diestro y siniestro. Otros no paraban de hacer fotos a todo. Comenzó a llegar gente, y gente y gente… Subían a la exposición, algunos leían, (otros no), charlaban… Pero nadie quedaba indiferente. Todos salían con cara de entusiasmo después de ver su trabajo. Les felicitaron, y mucho. Les pedían dedicatorias para las fotos… Estaban abrumados, con una sonrisa de felicidad que daba envidia verles.

Y llegó la hora del speech. Nosotros, con nuestro inglés de ‘Ofor’, les fuimos presentando uno a uno. Las chicas y Aung Thu Hein, se habían preparado un pequeño discurso, pero a la hora de la verdad… ‘No estoy preparada, profe’ Decía Khaine San. Le animamos a que lo intentara en birmano y la emoción le impedía hablar hasta que rompimos sus nervios con un aplauso. Aung Thu Hein se animó a hablar en birmano mientras Yuri nos traducía:

[…] “Queremos dar las gracias a los profesores por darnos la oportunidad de aprender fotografía y por todas las experiencias para poder mejorar nuestro futuro. Con este curso hemos aprendido a desarrollar nuestra imaginación y el pensamiento creativo algo que es muy útil para nosotros. Esperamos que podamos trabajar y tener un plan de futuro. Muchas gracias”

Que alguien como Aung Thu Hein hablara delante de tanta gente desconocida sobre sus experiencias y deseos era impensable hace 6 meses. Ahora, no sólo son capaces si no que lo disfrutan y se sienten seguros con sus nuevos conocimientos. Esto es sin duda toda una lección de lucha interna, de superación y de entrega, que deja un mensaje demasiado dicho, pero muy poco practicado: no importan las barreras, los idiomas, las clases sociales o los medios. Si aprovechas las oportunidades y luchas, se puede, sin peros ni excusas.

Gracias por vuestra entrega, vuestro esfuerzo, vuestra voluntad y vuestra sonrisa, porque sin eso, seguro, que nada de esto hubiera sido posible así, tan grande como vosotros habéis querido que sea. Y no paréis de hacer fotos ni de pensar por vosotros mismos, porque esto es sólo el principio de la larga historia que tenéis que escribir. Creed porque podéis. GRACIAS. (Este es el discurso que tenía que haber sido y que el nudo de marinero que había en la garganta no dejaba salir)

Empiezan las clases de photoshop. Nunca vimos tanto hambre en un aula

Las dos últimas semanas de clase las vamos a dedicar a enseñarles Photoshop. Desde que empezamos el curso nos preguntaron cuando llegaría ese día.

Somos muy conscientes que una persona que aspire a ser fotógrafo tiene que aprender unos mínimos de retoque y gestión de los archivos digitales.

La mayoría de nuestros alumnos tienen unas nociones básicas del manejo del ordenador, exceptuando a Joseph que maneja el mundo de los bits con soltura. Pero son tantas las ganas de aprender de nuestros alumnos, que suplen sus pocos conocimientos con las computadoras con su tremenda motivación. Da gusto trabajar con estos chicos.

Aumentamos las horas de clase y ahora vamos cada día al colegio, hemos conseguido las primeras horas del día y los encontramos mucho más despiertos. Estas últimas semanas nos faltan las horas para llegar a todo, exposición, practicas y clases de Photoshop son demasiado par abarcarlo entre dos personas, así que nos disculpamos de antemano por si no podemos informar al día sobre los avances de las clases.

¡No dejéis de seguirnos en la recta final de este proyecto!

Segundo encuentro con el mundo profesional. Su primer sueldo

El pasado viernes tres de nuestros alumnos fueron contratados para cubrir un evento en The Passport Restaurant. Eligieron a Aung Thu Hein, Joseph y Lao.

El evento consistía en una cena con cóctel inicial, menú degustación de siete platos y lanzamiento de lámparas de fuego tailandesas al finalizar.

Tan solo les dimos unas breves indicaciones en clase esa misma mañana, queremos que gestionen ellos mismos los encargos ya que es lo que sucederá una vez nos marchemos. Nosotros acudimos en calidad de invitados.

Empezaron con una mezcla de miedo, timidez y nervios y terminaron felices, confiados y con ganas de seguir haciendo fotos.

El lunes vimos el trabajo que realizaron. No tienen nada que envidiar a otros fotógrafos con más experiencia, las fotos tienen una calidad profesional. Contando que llevamos cinco meses de curso y que su nivel de ingles podía ser un handicap para asimilar conceptos, estamos tremendamente orgullosos de lo que están logrando.

Los birmanos, por regla general, tienen la autoestima por los suelos debido a más de medio siglo de historia diciéndoles eso de “tu no puedes”. Todos nuestros esfuerzos ahora se basan en convencerles de que SÍ que pueden y que están sobradamente preparados para realizar este tipo de trabajos.

Simon, el manager del restaurante les ofreció remuneración, ellos lo rechazaron argumentando que lo que querían era sólo practicar y que aún no eran profesionales. Nos pusimos muy serios al respecto cuando nos lo contaron y les obligamos a aceptarlo poniendo como excusa que es un gesto de desprecio el rechazar el dinero que te ofrecen.

Al finalizar la cena les llamaron para presentarlos y se ruborizaron. Pero su cara de felicidad al pasar ese trago nos delataba lo orgullosos que se sintieron de ellos mismos.

Como cierre del evento se lanzaron varios “kratong” (lámparas de fuego voladoras). Es una tradición tailandesa en la que individualmente, pareja o grupo, estás lámparas de papel movidas por el calor del fuego, se lanzan al cielo como símbolo de liberación de las preocupaciones a la vez que la luz de la lámpara les indica el ‘camino correcto’.

Sujetamos con nervios de niño mirando el fuego hasta que la lámpara cogió suficiente fuerza para volar, entonces nos miramos con una enorme sonrisa en la cara y tras el clásico  “one, two, three” la dejamos ir. Os prometemos que fue un momento mágico que nos hizo comprender la importancia que está teniendo para nosotros este curso.

Clase XLV: Colaboramos con Kick Start Art

La última clase de este mes queríamos hacerla relajada. Los compañeros de Kick Start Art nos ofrecieron colaborar en una de sus actividades re-interpretando dibujos que los niños habían hecho en uno de sus talleres. Nos pareció una idea genial así que nos pusimos a ello.

Escogimos unas cuántas piezas, comentamos un par de ejemplos juntos y directamente se pusieron manos a la obra. ¡Ya no nos necesitan tanto! Tienen armas suficientes para resolver y encima, hacerlo con arte.

Marchamos hasta el 5 noviembre de vacaciones antes de la recta final y lo hacemos con muy buen sabor de boca.

¡¡Os vamos a echar muuuuuucho de menos chicos!!