Segundo encuentro con el mundo profesional. Su primer sueldo

El pasado viernes tres de nuestros alumnos fueron contratados para cubrir un evento en The Passport Restaurant. Eligieron a Aung Thu Hein, Joseph y Lao.

El evento consistía en una cena con cóctel inicial, menú degustación de siete platos y lanzamiento de lámparas de fuego tailandesas al finalizar.

Tan solo les dimos unas breves indicaciones en clase esa misma mañana, queremos que gestionen ellos mismos los encargos ya que es lo que sucederá una vez nos marchemos. Nosotros acudimos en calidad de invitados.

Empezaron con una mezcla de miedo, timidez y nervios y terminaron felices, confiados y con ganas de seguir haciendo fotos.

El lunes vimos el trabajo que realizaron. No tienen nada que envidiar a otros fotógrafos con más experiencia, las fotos tienen una calidad profesional. Contando que llevamos cinco meses de curso y que su nivel de ingles podía ser un handicap para asimilar conceptos, estamos tremendamente orgullosos de lo que están logrando.

Los birmanos, por regla general, tienen la autoestima por los suelos debido a más de medio siglo de historia diciéndoles eso de «tu no puedes». Todos nuestros esfuerzos ahora se basan en convencerles de que SÍ que pueden y que están sobradamente preparados para realizar este tipo de trabajos.

Simon, el manager del restaurante les ofreció remuneración, ellos lo rechazaron argumentando que lo que querían era sólo practicar y que aún no eran profesionales. Nos pusimos muy serios al respecto cuando nos lo contaron y les obligamos a aceptarlo poniendo como excusa que es un gesto de desprecio el rechazar el dinero que te ofrecen.

Al finalizar la cena les llamaron para presentarlos y se ruborizaron. Pero su cara de felicidad al pasar ese trago nos delataba lo orgullosos que se sintieron de ellos mismos.

Como cierre del evento se lanzaron varios «kratong» (lámparas de fuego voladoras). Es una tradición tailandesa en la que individualmente, pareja o grupo, estás lámparas de papel movidas por el calor del fuego, se lanzan al cielo como símbolo de liberación de las preocupaciones a la vez que la luz de la lámpara les indica el ‘camino correcto’.

Sujetamos con nervios de niño mirando el fuego hasta que la lámpara cogió suficiente fuerza para volar, entonces nos miramos con una enorme sonrisa en la cara y tras el clásico  «one, two, three» la dejamos ir. Os prometemos que fue un momento mágico que nos hizo comprender la importancia que está teniendo para nosotros este curso.

 

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